miércoles, agosto 19, 2009

Sombras






Debo confesar que de pequeña tuve varios conflictos a la hora de dormir. Era de esos niños que tenía miedo a la oscuridad. En realidad no sé cuál era la certeza de ello, y en qué se basaban mis miedos lo cierto es que el pánico acechaba al momento de dormirme. Tanto era el temor que era capaz de amanecer a los pies de la cama de mi madre, por suerte en aquel departamento había alfombra, y recuerdo muy bien que me arrastraba sigilosamente desde mi habitación con mi almohadita y mi sabana. Sin duda prefería dormir allí antes que en aquel lugar que se me hacía francamente tenebroso. Por supuesto, que el regaño que recibía a la mañana siguiente era mayor, creo que mi mamá nunca llegó a comprender lo muy asustada que podía llegar a estar ante la soledad de un cuarto a oscuras.
Debo decir a mi favor que hubo intentos de dejar la luz encendida o dormir con lamparita incluida pero todos ellos fueron fallidos.
Sin embargo, en la medida que fui creciendo las cosas cambiaron bastante. Me di espacio para la intimidad, y decidí cerrar la puerta del cuarto para no dejar pasar a esos “compañeros indeseados” u otras personas que quisieran irrumpir en mis secretos de adolescente.
Con el tiempo me di cuenta que aquel recuerdo de temor ante las sombras es algo con lo que la mayoría lidiamos el resto de nuestras vidas. En lo particular hay sombras que he ido arrastrando a lo largo del tiempo, de mi propio tiempo personal, ese que se marca con un reloj llamado vida y que se intensifica con la palabra experiencia. Esas sombras, de repente aparecen peleándose con mi yo interno de distintas formas, una de ellas es mediante los sueños, me llenan de pesadillas que me dejan un sinsabor al despertar del cual me es difícil deslastrarme a lo largo del día. Otra forma de expresión es mediante la duda, comienzan a carcomerme dejando una leve sospecha ante un hecho inusitado lo que desencadena en una enorme sombra que trata de ocultar la verdad en medio de todo.
Finalmente, he aprendido que con paciencia y concentración puedo espantar de manera eficaz todas las sombras que me acechan. He aprendido que las experiencias vividas no marcan toda una vida, sino que son solamente una lección para mantenerme alerta y no cometer los mismos errores. Que la luz siempre está presente en cada situación y que solo está en nosotros mismos hallarla al final del túnel. Y más aún que cuando esa luz irradia desde nuestro interior, podemos demostrarnos y demostrar a los demás los maravillosos seres humanos que somos.

2 Comments:

Blogger mividabella dijo...

si me daba cuenta de tus miedos a esa oscuridad, solo quise en aquel momento que amanecias alli cual anita la huerfanita (jejeje)que lo superaras y por eso mi regaño, yo tambien tenia miedos al igual que tu por las circunstancias que vivia, perdoname por eso, si las acciones que hacemos en la vida las podriamos retroceder yo lo haria para que todos tus recuerdos hoy en dia fuesen los mas felices que pudieras tener, perdon, te amo

agosto 21, 2009 4:47 PM  
Blogger Pansy dijo...

Querida!
Bueno, ya te respondieron, me pusiste a pensar en mis noches de niña, nunca tuve miedo a la oscuridad sino a los sueños reiterativos, aprendi a despertarme!
Besos amiga!

agosto 22, 2009 5:09 PM  

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